Manifiesto
El Taller
Un espacio donde el tiempo se detiene y la materia cobra vida. Detrás de cada joya hay horas de contemplación, fuego, martillo y un profundo respeto por el oficio tradicional.
Forjando la Identidad
Mi aproximación a la orfebrería nace de la observación. La geografía indómita de Chile, sus cordilleras escarpadas y la crudeza de su naturaleza dictan las formas de mi trabajo. No busco la perfección geométrica y pulida de la joyería industrial; busco el alma.
Cada golpe de martillo es deliberado. La creación manual exige una conexión mental y física total con el metal. Es un acto de paciencia y devoción donde las manos se convierten en la herramienta principal, traduciendo pensamientos abstractos en objetos tangibles y eternos.
Ciclos Sustentables
Trabajar de manera consciente significa honrar los recursos de la tierra. Mi compromiso fundamental es la sustentabilidad estructural de mis procesos.
Todo el metal que ingresa al taller —plata 925, oro y cobre— proviene de canales de reciclaje o excedentes, asegurando una economía circular. Fundir retazos antiguos para crear una pieza nueva es un acto casi alquímico, donde la historia de un objeto pasado se transforma en el comienzo de un nuevo legado.
Además, he sustituido ácidos industriales tóxicos por compuestos orgánicos y biodegrabables para el decapado, protegiendo así nuestra tierra y el aire del taller.
La Enseñanza
Un oficio que no se comparte está destinado a desaparecer. El taller no solo es mi refugio creativo, sino un aula abierta para quienes desean descubrir su propia voz a través de la orfebrería.
Diseñé las clases para ser íntimas y personalizadas. No importa si nunca has sostenido una sierra de joyero; aquí aprenderás desde la fundición inicial hasta el pulido final. Mi objetivo no es crear copias de mi trabajo, sino entregarte la técnica necesaria para que tus propias ideas tomen cuerpo en el metal.